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El nombre de la rosa

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>> El dominio socialista en todas las estructuras del poder constituye una oportunidad única para resolver cuestiones frenadas hasta ahora por el conflicto entre administraciones
J. Carlos Ortego Maó
Una semana después de las elecciones, el panorama ha quedado más definido que nunca. Todo es del mismo color por más que algunos se empeñen en introducir matices para precisar que el senador es de toda la izquierda. Realmente, el senador sirve sobre todo para eso, para medir la victoria de la derecha o de la izquierda y, después, en Madrid, para participar en el trabajo parlamentario de su grupo. Dado que el de Menorca se perderá en el Grupo Mixto y que en más de una ocasión tendrá que esquivar la contradicción entre, pongamos por caso, PSOE y nacionalistas, es mejor valorar esa referencia, triunfo rotundo de la izquierda, que abrir excesivas expectativas en la legislatura que se abre.
Visto desde Mahón, por ejemplo, el dominio de la rosa es aplastante, el ciudadano no tiene otro interlocutor en sus relaciones con la administración que el partido de Zapatero. El PSOE le fija los impuestos aquí y allá, en ocasiones con un pellizco de los socios, aunque es cierto que el ciudadano sigue percibiendo más importantes las elecciones generales que las locales, ha votado un seis por ciento más del censo que hace un año.
Hay que mirar la parte positiva, se han acabado las excusas “del otro”, Matas ha desaparecido del mapa y, por tanto, si el dinero no llega de Palma o si algo no funciona no es culpa del Gobierno del PP de Palma o de Madrid. En cuatro años se van a solucionar problemas endémicos, reivindicaciones eternas y asignaturas pendientes. Si no se consigue, será más difícil que nunca encontrar explicaciones. Porque además hay recursos.
Transporte aéreo
n Zapatero ha cumplido durante la legislatura pasada. Prometió aumentar hasta el 50 por ciento el descuento por residente y lo ha aplicado. La satisfacción no es completa porque ni la oferta ni la calidad de la misma es suficiente. La conexión con Barcelona ha empeorado ostensiblemente y viajar a la capital de la Comunidad sigue siendo caro y discriminatorio para el residente sin pasaporte de la Unión Europea. Alguien seguirá dando la barrila con la tarifa de 27,5 euros que jamás existió, pero la conformidad llegará con un precio más asequible que el actual, mejor oferta con la Península y la universalización del descuento a los residentes en la Comunidad sin distinción de nacionalidad.
Carreteras
n La variante de Ferreries será un proyecto de licitación inmediata. Hay convenio de carreteras, es decir, presupuesto para financiarla y cierta vergüenza pública para ejecutar una obra prevista en el siglo pasado. La presión popular ya no es la misma, se ha desinflado entre las promesas de unos y otros. Sin hablar de autovía para no herir la conciencia de los socios, no estaría de más plantear una carretera de doble carril en cada sentido aprovechando la obra nueva y la acción agresiva –túneles y puentes– que se ejecutará en el terreno. Llega con retraso, pero tiene la oportunidad de adelantarse al futuro.
El turismo
n Dos fundaciones y unos cuantos guerrilleros atrincherados en organismos turísticos han hecho, en algunos casos, más política que gestión. Las primeras previsiones para este verano apuntan lo de siempre, bien para Mallorca y Eivissa, flojo para Menorca. La cortesía obliga a un margen razonable pero si los resultados no llegan añoraremos la eficiencia doméstica del Fomento del Turismo destruida por las estructuras ambiciosas de la omímoda Administración.
Ministro
n O ministra. Nunca los socialistas menorquines –con permiso de Borja Carreras– estuvieron tan bien colocados para ocupar una cartera ministerial. Joana Barceló, que vende mejor que Antich y cualquier cabecilla de las Islas, dice que eso son palabras mayores y que hay “compañeros” mucho más preparados. Después de Semana Santa se oirán nombres y apuestas con más conocimiento de causa. De momento, ha prendido una ilusión.
Otro senador
n Joan Huguet, ya nadie se acuerda, fue el último candidato al Senado por AP antes de su refundación en PP. Eran las legislativas de octubre del 89 y perdió ante el candidato del PSOE, Antoni Villalonga. Ahora será designado por el Parlament balear, probablemente por asentimiento, para ocupar un escaño en la Cámara Alta. Es una vía más cómoda, sin campaña, y sobre todo, madura, 22 años después de una trayectoria política ininterrumpida. El suplente en aquella candidatura fue Manuel Yebra, quien curiosamente ejerce de voz crítica en el seno del partido por los malos resultados cosechados, ahora y hace un año. |
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