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Sobre la Ley de Memoria Histórica
A pocos días de la puesta en marcha del proceso que desembocará, inevitablemente, en la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica quiero hacer una reflexión y una llamada de atención.
La que, con toda seguridad, será una de las más aberrantes, revanchistas, absurdas e ilegítimas leyes, es el resultado -así consta expresamente en su exposición de motivos- de que el 20 de noviembre de 2002, la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados aprobara por unanimidad una proposición de ley en la que se decía “nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad democrática”.
En el año 2002, fecha cuando se aprobó el texto anterior, gobernaba el Partido Popular, con mayoría absoluta.
En el pleno del Congreso de los Diputados de 16 de mayo de 2001 se solicitó y se aprobó por unanimidad, la “rehabilitación de los integrantes del Cuerpo de Carabineros (sólo los que lucharon en el bando republicano) los brigadistas y los combatientes guerrilleros (los maquis).
En el año 2001, fecha de la anterior solicitud unánime, gobernaba el Partido Popular, con mayoría absoluta.
De aquellos polvos vienen estos lodos. Quienes ven ahora en el Partido Popular al único que se enfrenta en solitario a la aprobación definitiva de esta nefasta ley se engañan.
Se engañan en lo que no es sino un gesto puramente electoralista que pone trabas a un par de puntos de todo un conglomerado que, lejos de cerrar heridas, las reabre, las escarba, las hace supurar y sangrar de nuevo.
Es la misma actitud del Partido Popular que la de enarbolar, ahora, pero no cuando gobernaba con mayoría absoluta, banderas nacionales apropiándose de su sentido y significado. El mismo que ha contribuido a reprimir y a mancillar.
Ahora, cuando se persiguen nuestros símbolos de la unidad de España. Cuando se reprime hasta el uso de la palabra, escrita o hablada, si ésta es contraria a la doctrina oficial del rodillo pseudodemocrático y monárquicoliberal. Cuando se posterga el uso o la enseñanza de nuestra religión cristiana -cuna, base y cimiento de la civilización occidental -mientras se difunden, protegen, exhiben y defienden otras religiones extrañas y enemigas de nuestra cultura y existencia.
Cuando el nivel de prohibición invade la propia intimidad imponiendo asignaturas de adoctrinamiento del sistema al más puro estilo estalinista; impidiendo el uso del castellano en muchas regiones españolas, Menorca una de ellas; reprimiendo la exhibición personal de un crucifijo o un escudo de los Reyes Católicos al tiempo que se expiden carnés de identidad con sador o burka y se construyen mezquitas y sinagogas.
Cuando se pretende degradar a la categoría de verdugos a los habitantes de la media España que luchó, murió y venció en la guerra civil, bautizada por la más alta magistratura católica como Santa Cruzada de Liberación Nacional, construyendo una nación unida y sin fisuras ni revanchas ni persecuciones. Una nación con paz y verdadera reconciliación. Y por otra parte se eleva a la categoría de héroes a los de la otra media, a pesar de los múltiples asesinatos, violaciones y torturas cometidos por ésta; cuando todo esto ocurre, digo, lo que se está haciendo es convertir en asesinos y torturadores a nuestros propios familiares, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos, nuestros padres. Aunque jamás culpabilizásemos nosotros a los del bando contrario.
Menorca sufrió como pocas tierras de España el horror de una República que degeneró en bandidaje, persecución sin límites de quienes no pensaban como ellos y en unos crímenes que aún hoy resultan espeluznantes.
El presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pasará a la historia no sólo por la indignidad de una victoria electoral más que dudosa, no sólo como un bufón de eterna sonrisa, también como un resentido que quiso reescribir la historia. Pero al que sólo le interesa una parte de la historia y una parte de la tragedia que asoló nuestra patria. Sólo le interesa, ejemplo claro y triste, su abuelo el capitán Lozano que fue fusilado por las tropas nacionales sublevadas. Se olvida de su abuelo el capitán Lozano que entró a sangre y fuego, a las órdenes del general Francisco Franco, a reprimir sin contemplaciones la sublevación de Asturias en 1934. Primer intento de golpe de estado del PSOE.
José Sintes Villalonga
Mahón |
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