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Buenas intenciones, espléndido resultado
 Representación. Tete Delgado y Luis Merlo en la escena en la que sus personajes, Elena y |
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La obra “Gorda”, que se presentó ayer en el Principal, logra convencer a un auditorio repleto
CONCHA ALCÁNTARA
Maó
Estamos dispuestos a pasar por el sufrimiento más extremo en nuestra búsqueda del cuerpo perfecto”, asegura en el programa de la obra “Gorda” su directora, Tamzin Townsend. “Después de ver esta obra nunca más llamaremos a alguien gorda”.
Es difícil saber si la pieza, que ayer se estrenó en el Teatre Principal en una atípica sesión doble, conseguirá tal premisa. Lo que sí se puede afirmar es que la obra escrita por Neil Labute logró convencer a un auditorio repleto. La fórmula de tan buen resultado fue la combinación de un guión divertido, un ritmo ágil y unas interpretaciones bastante acertadas que provocaron risas de forma constante. Y como suele ser habitual, a través de la risa la gente está mucho más dispuesta a aceptar una reflexión más o menos profunda, aunque ésta sea en clave de autocrítica.
Lo dijo Luis Merlo en la rueda de prensa del viernes. “Mucha gente nos dice que se ha reído pero que también se ha sentido mal viendo la obra”. Quizá en ello esté lo más acertado de esta creación que empieza en clave de comedia ligera y va evolucionando hacia una tragicomedia de regusto amargo. El camino entre ambas no es fácil de hacer, pero en “Gorda” se ha conseguido. Con una gran naturalidad las notas de comedia, muy abundantes al principio (hubo escenas en que las risas no pararon), van siendo sustituidas de forma gradual por las situaciones comprometidas en diversos sentidos. De esta forma el espectador entra tranquilo y confiado en una trama que le pondrá cara a cara con una cruda realidad: que todos estamos condicionados por los prejuicios sociales en mayor o menor medida.
El argumento se centra en la relación de Toni (Luis Merlo), un joven y guapo ejecutivo de publicidad, y Elena (Tete Delgado), una amable y simpática bibliotecaria que sufre de sobrepeso. Los problemas que sufre el protagonista por los prejuicios por parte de su entorno, que en la obra se limitan a un amigo y a una ex novia “cañón”, hacen que la situación se le haga cada vez más cuesta arriba.
La relación y la trama se hacen creíbles gracias a unos diálogos graciosos y rápidos, muy similares a los de las comedias televisivas, y a pesar de las barbaridades que se llegan a oir de boca de alguno de los protagonistas. El que más perlas suelta a lo largo de las dos horas que dura la función es Álex, amigo de Toni, un personaje sin desperdicio que Iñaki Miramón interpreta espléndidamente. “Mala bestia”, “¿Está esperando gemelos?”, o “Puedes llevarla a pastar un rato después de la cena”, son una pequeña muestra de las joyas con las que hizo reir al público. Sin embargo, lo peor es reconocer esas situaciones como reales a pesar del halo grotesco en el que están envueltas. Sí, puede resultar exagerado por momentos, pero reconocible fuera de toda duda. Y es que en ocasiones somos capaces de reirnos a costa de la dignidad ajena, tal vez como forma de sentirnos mejor con nuestros propios defectos y limitaciones. ¿Por qué si no iba alguien a reirse o a humillar a otra persona?
Por supuesto, el discurrir de la trama confirma que Álex es un imbécil integral incapaz de traspasar el muro de las apariencias, lo cual no sabe tan mal porque se le ve venir. Lo que sienta peor es ver que incluso los que parecen más íntegros llegan a ser esclavos de las imposiciones sociales, que el miedo al que dirán afecta hasta a los que parecen más seguros.
No es muy probable que la obra provoque un cambio de mentalidad entre los espectadores a pesar de las buenas intenciones, pero pone su grano de arena en la difícil tarea de sorprendernos a nosotros mismos superando los dictados sociales.
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