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“Hasta que uno no lleva 30 años de aprendizaje, no empieza a ser pintor”
 Pintor. Mikel Díez Álaba junto a una de sus últimas obras, una “Última cena” para la BBK |
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El artista vasco afincado en Menorca impartirá este verano un curso de pintura avanzada centrado en el desarrollo de procesos personales. “La primera lección es reconocerse”, asegura
CONCHA ALCÁNTARA
Maó
Su padre le regaló unos lápices de colores y un cuaderno siendo un niño y Mikel Díez Álaba (Bilbao, 1947) descubrió que aquello de dar forma y color sobre un folio le gustaba mucho. Por eso se pasaba todo el día tirado por el suelo retratando todo lo que le pasaba por delante. Sin embargo, nunca se planteó estudiar Bellas Artes hasta que alguien se lo sugirió. “No sabía ni que existía”, dice sonriendo. El consejo resultó bastante bueno. “La vida se me ha tratado bien como artista. He podido dedicarme a pintar y realmente soy un hombre afortunado”.
En su trayectoria ha recorrido el largo camino que lleva desde la figuración realista a la abstracción expresionista. Nombres tan dispares como Goya, William Turner, Francis Bacon, Hockney Jorge Oteyza han contribuido al desarrollo de una obra de la que se siente particularmente satisfecho. Quizá por eso ahora puede enseñar lo que sabe. Díez Álaba parece que tiene las cualidades del buen maestro. Es tranquilo, reflexivo, tiene don de palabra y una pasión por lo que hace que transmite con facilidad. Algo que agradecerán los alumnos del “I Curso Avanzado de Pintura. Desarrollo de Procesos Personales”, que impartirá en julio y agosto en el Hort de Sant Patrici de Ferreries.
- Supongo que uno, para dar clases, debe estar muy a gusto con lo que hace.
- Hace 40 años que empecé en Bellas Artes. Mi primera exposición individual es del año 72. Así que sí, me encuentro en ese momento. Me han interesado siempre mucho todos los procesos. Yo creo que hasta que uno no lleva 30 años de aprendizaje, no empieza a ser pintor. Mientras, estamos aprendiendo. Pertenecemos a una cadena en el tiempo. Hace poco me di cuenta de que formo parte de una tradición de experiencia y conocimiento que yo recojo ahora y que puedo enseñar ahora.
- ¿Y qué entiende por el “desarrollo de procesos personales”?
- Las clases hay dos maneras de enfocarlas. Desde una clase magistral en la que lo importante es un tema determinado y tú lo desarrollas, o personalizar. Cada una de las personas que estén en el curso estará viviendo un proceso personal. Yo quiero trabajar con cada uno de ellos sobre el proceso y el momento en el que se encuentran.
- A los artistas, ¿les resulta difícil apostar por ese proceso personal, quizá por miedo a no gustar?
- A veces sí se produce. A veces, no siempre. Hay gente que sí vive su proceso por encima del proceso histórico o del mercado. Hay gente que decide que su proceso es lo realmente importante.
- ¿Cómo ha sido en su caso?
- A mí me ha interesado mi proceso. En el año 72-73 yo iba encaminado a ser uno de los jóvenes valores de las artes. Estuve en una exposición de artistas españoles en Nueva York, “Spanish paintings”, que era una selección de artistas de las galerías de vanguardia del momento. Entonces yo me decidí por un proceso más interior. Yo vivía en la ciudad, que es un caldo de cultivo muy fuerte, que genera ansiedad por hacer cosas, una necesidad muy grande, y yo me di cuenta de que el mundo de la ciudad se acababa y empezaba un mundo nuevo fuera. ¿Qué es fuera de la ciudad? Pues el contacto más directo con un medio natural. De eso hace 35 años.
- ¿Eso es lo que le movió a venir a Menorca?
- Sí, y en especial venir a esta isla fue por la luz. La luz es la vida. La oscuridad es otra parte de la vida, pero la vida que a mí me interesa es la luz. El año pasado hice una exposición en el Colegio de Arquitectos de Bilbao y ahí se ve mi preocupación por la luz.
- La luz de sus pinturas recuerda profundamente a Turner.
- Hay algo de Turner, evidentemente. Tengo muchas referencias y una de ellas es Turner.
- ¿Ha experimentado mucho?
- Me han interesado mucho y he trabajado con todas las técnicas distintas de representación en la que no intervenga la máquina. Está bien para juegos, pero es otra historia.
- ¿En alguna se ha sentido especialmente cómodo?
- En todas me he sentido muy cómodo. Hace dos años di un curso en Bilboarte. Era de dibujo y empezaba con el carbón, que es el elemento de representación más antiguo que existe, la herramienta primigenia. Yo me imagino que la primera persona que cogiera el carbón y pintara con él debió tener una impresión enorme. Debió ser un acontecimiento especial.
- Como descubrir el fuego.
- Igual, igual. De ahí me gusta mucho trabajar con el carbón.
- O sea, que para usted no depende del material, sino del interés que uno ponga.
- El valor que tiene el conocimiento del material es que así puedes reconocer el proceso histórico. Antes otros han trabajado con esos materiales y puedes entenderlos mejor si tú también los has trabajado. Si no, es más difícil. Yo no he entendido a Leonardo hasta que empecé a hacer veladuras. Entonces entendí el misterio, la indeterminación. Así reconoces el valor y el esfuerzo que han realizado otros antes.
- ¿Le cuesta encontrar motivos para pintar?
- No, no. Yo no tengo miedo al lienzo el blanco. Cualquier cosa puede ser un motivo para pintar.
- ¿Cuál sería la principal lección que daría a un pintor?
- Reconocerse es la primera. Muchas veces nos quedamos con la apariencia de las cosas que hemos mirado e intentamos trasladar esa apariencia a nuestra propia obra. Entonces queda algo que es de mentira, que es falso. Hay que eliminar todo artificio.
- Debe ser difícil, por las inseguridades y los miedos.
- Sobre todo los miedos porque la obra normalmente va hacia fuera. Lo primero es perder el miedo. Uno trabaja para uno mismo. Luego puede tener una lectura exterior o un encuentro exterior. Alguien desde fuera puede llegar a entender, a vivir lo mismo que tú. Por eso uno en un momento piensa, “este cuadro me maravilla”. De alguna manera, el momento que está viviendo es muy similar al que tú viviste cuando lo hiciste. Es como si se estuviera viendo a sí mismo. Ahí se produce un momento de fusión muy íntima.
- Las emociones son una de las característica de su pintura. ¿Es lo principal para usted?
- Sí, sí. Yo creo que la pasión es lo que mueve el mundo, positivamente. Y la pasión son las emociones, lo que mueve al ser humano.
- ¿Es a lo máximo a lo que puede aspirar una pintura?
- A lo más que puede aspirar una pintura es a ayudarte a entender por qué estás aquí.
- ¿Cree que lo ha conseguido?
- En ocasiones creo que sí.
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