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Un mahonés de 19 años, Sergi Llull, en la cumbre del baloncesto español como jugador del equipo blanco, inicia hoy la final de la Liga ACB frente al Barça con un caudal de ilusión a cuestas
 Debut. Sergi ya ha disputado algunos minutos con el Madrid, en el play-off ante el DKV Jo |
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Un mahonés de 19 años, Sergi Llull, en la cumbre del baloncesto español como jugador del equipo blanco, inicia hoy la final de la Liga ACB frente al Barça con un caudal de ilusión a cuestas
MIGUEL JUAN URBANO
Maó
Se trata del primer menorquín que está en disposición de proclamarse campeón de una de las competiciones más rutilantes del planeta. Sergi Llull Melià (Maó, 1987), está en el escaparate mundial porque a sus 19 años es uno de los integrantes del vestuario del Real Madrid, y esas son palabras mayores. Este mediodía inicia la serie del play-off final ante el FC Barcelona, que será seguida por millones de personas.
Para muchos, el salto a un equipo de primer nivel mundial le ha llegado excesivamente pronto dada su corta edad y la procedencia lasallista y manresana, pero quien le conoce bien, elucubra ya sobre la posibilidad de que un año u otro sea drafteado para la NBA. “Es un jugador para un equipo grande porque es espectacular y tiene mucho talento; sus jugadas son las que se pasan en los resúmenes de los partidos, por eso es bueno para un equipo grande y menos práctico para uno pequeño”, comentaba a este diario el director gerente del Manresa horas después de que Sergi abandonara la capital del Bages para irse a la capital de España hace apenas un mes y medio.
Ajeno a la dimensión que supone su presencia en el Real Madrid para el deporte menorquín, Sergi, hijo del presidente del CB La Salle, Paco Llull, que ascendió al club al baloncesto profesional, primero a la EBA y luego a la LEB, admite sin embargo que “estar en el Madrid es una pasada”. Lo dice con naturalidad mientras indica que le ha llamado la atención “lo mucho que se preocupan todos por el jugador; lo que más me impresionó es que tenemos un jefe de coordinación al que dirigirnos cuando necesitamos algo o tenemos algún problema, y en seguida nos lo resuelve”. Asegura haber sido muy bien recibido por las estrellas del equipo. Revela que el más bromista es Alex Mumbrú, y quizás con el que mejor se relaciona es con el pívot Felipe Reyes, “y en general con todos los españoles”. Pese a su condición de jovencito y recién llegado, “todavía no me han gastado ninguna broma, quizá a porque estamos en pleno play-off”.
Habituados como están los jugadores del Barça o el Madrid a la fama, a los autógrafos y a los regalos, Sergi ríe y apunta que “debe ser un mito callejero porque a mi aún no me han regalado ni relojes, ni móviles ni televisores, aunque todo llegará, eso sí, creo que tenemos un descuento con un operador de teléfonos”.
Vive en la residencia Las Rozas
Este verano tendrá tiempo de elegir un piso en Madrid de los dos o tres que le ofrecerá el club. Por ahora vive en la residencia de Las Rozas, sin coche ya que el suyo lo tiene en Menorca. Por eso señala que “estoy un poco alejado de todo, pero voy a entrenar andando y estoy bien; ya tendré tiempo de conocer la ciudad porque ahora lo importante es el play-off y tratar de ser campeones”.
Aparentemente Sergi tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros, aunque en Manresa se dijo que el último año anduvo algo más despistado. “Yo estoy ilusionado con todo esto y con muchas ganas de hacerlo bien y darle motivos al entrenador para que cuente conmigo. Si estoy aquí en el Madrid es porque puedo jugar aunque haya habido gente que se haya sorprendido por pasar del Manresa, en LEB, donde jugaba poco, a todo un Madrid”. Por eso niega que le pueda costar asumir este cambio tan radical en función de su extrema juventud, “no pienso en ello y este salto no me provoca ningún desequilibrio porque es para ir a mejor, no veo motivos para que me cueste adaptarme o asumirlo porque me fui de Menorca muy pronto para ser jugador de baloncesto”.
Tiene claro que “lo mío es aprender, que me queda mucho todavía, y mejorar”. Porque, añade, “estar aquí no es ni mucho menos mi techo, no es que tuviera muy claro venirme al Madrid cuando me llamaron pero sí supe que es una grandísima oportunidad que no podía dejar escapar y que tengo que tratar de aprovechar”.
Su entrenador, Joan Plaza, “me trata como uno más, me pide trabajo y mucho nivel defensivo cuando salgo para desgastar a los bases rivales”. Por delante le quedan dos años de contrato en la casa blanca que puede inaugurar como campeón de Liga si a partir de hoy es capaz, con su equipo de tumbar al Barça en la gran final.
“Va a ser muy dura, el Barça llega muy fuerte como demostró en el quinto partido en Vitoria. Yo siempre he sido del Madrid y, por tanto, sería un sueño ser campeón con el equipo y ante el Barça nada más llegar aquí”. Prevé un play-off “largo, bonito e igualado”.
Llegados a este punto, con 19 años, en el Madrid, tras cuatro temporada ya fuera de casa, Sergi, no duda al situar en el primer eslabón de gratitud “a mi padre, a mi madre y a mi hermano, que siempre han estado junto a mi apoyándome, y como entrenadores a Jaume Ponsaranau, que fue quien me tuvo como junior y me enseñó mucho, y a Oscar Quintana, que me hizo debutar en ACB en el Manresa, porque allí me formé como jugador”.
Este verano le aguarda el Europeo sub-20 en Eslovenia, del 7 al 15 de julio “y luego iré a Menorca, al menos un mes porque quiero estar allí”. Volver algún día al equipo menorquín de ACB “sí, sería bonito”, y admite que le habría gustado recibir una propuesta del club mahonés “pero las circunstancias no se han dado y ahora estoy aquí, ya veremos que sucede”.
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