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Una tarde de(s)esperas
 Son Sant Joan. Los pasajeros acorralaron a los empleados de Iberia sin éxito |
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Un retraso que termina en cancelación afecta a unos 70 pasajeros con destino a Menorca
XIM FUSTER
Palma
Domingo 10, sobre las 15.50 horas. Una tarde aparentemente apacible se inicia para los pasajeros de un vuelo Palma-Menorca, el IB-8492, que debe despegar a las 16.10 horas. Pero la hora del embarque no se anuncia, y empieza el nerviosismo en Son Sant Joan: la compañía Iberia –el vuelo está operado por Air Nostrum– anuncia un retraso en el citado traslado, y algunos afectados se quejan enérgicamente al no poder formular una reclamación en el mismo mostrador de embarque.
16.50 horas. En los pasillos del Aeropuerto. El tiempo pasa, la programación de este vuelo desaparece de los monitores, y el nerviosismo se convierte en preocupación. Un empleado de AENA informa desde su mostrador que el vuelo ha sido cancelado y que el pasaje de este avión se suma a otro, el IB-8498, que debe salir a las 17.40, aunque por retrasos lo hará más tarde. Hasta el momento sólo se ha anunciado por megafonía un retraso indefinido “por causas técnicas”.
De nuevo en facturación. El reloj parece haber experimentado un efecto de elongación porque los minutos pasan muy lentamente. En el nuevo mostrador de embarque asignado, unas setenta personas arman guerra contra el empleado de Iberia asignado a frenar el enfado, ya colectivo, de los pasajeros que ven peligrar su plaza en el avión. “Es una casualidad que cada vez que se rompe un avión, sea el de Menorca”, gritaba un afectado que ya ha visto reproducir esta situación tres veces en el último mes. “Esto es una vergüenza; así pasó en Air Madrid”, afirmó otro de forma vehemente.
Para apaciguar los ánimos, el empleado anunció que “ahora” bajarían a la puerta de facturación dos “chaquetas rojas” –los relaciones públicas de Iberia– a dar explicaciones. En ese lapso, nuevo episodio de tensión, con advertencias de llamar a la Policía si la actitud de algún pasajero persistía.
Algo más de una hora después de ese “ahora” bajaron por fin las “chaquetas rojas”, con una respuesta y una propuesta: El avión de Air Nostrum estaba averiado y el primer vuelo, cancelado. Como no había avión, la compañía fletaría un aparato extra con 52 plazas, capacidad insuficiente para absorber a las más de 70 personas que estaban aún en tierra. Se pidieron voluntarios para pernoctar en Palma, a fin de facilitar la salida a quienes tuvieran más urgencia. De indemnización, ni se habló, porque la compañía no considera la cancelación como un overbooking. Hubo más de veinte voluntarios que decidieron abandonar el recinto, porque no había garantías de que el avión prometido llegara a la hora anunciada. El grupo se alojó en un hotel a cuenta de la compañía aérea.
Medianoche. El grupo que quedó en el Aeropuerto de Palma, esperando el ansiado avión, finalmente tiene que rendirse a la evidencia. La aeronave prometida no llegó a aterrizar, y este segundo contingente se desplazó de nuevo al hotel, resignado a pasar unas horas de descanso antes de intentarlo al día siguiente.
(Daño colateral: el lunes, todo el pasaje afectado por la cancelación fue recolocado en las plazas que quedaban libres ese día. En cambio, los que reservaron con anterioridad y llegaron cinco minutos tarde a facturar, no obtuvieron asiento y esperaron a otros vuelos. Eso sí se aproxima a un overbooking).
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